En esta ceremonia los padres visten a sus hijos con vestidos tradicionales y asisten a los santuarios sintoístas o a los templos budistas del área donde residen, para celebrar el rito con el fin de expresar gratitud y rendir plegarias para la seguridad y salud continua de los niños. En ocasiones se realizan banquetes formales.
Desde tiempos antiguos, tanto los niños y niñas que llegan a los tres años tienen el pelo corto, y hasta que no llevan a cabo una ceremonia formal llamada kamioki (髪置き), se supone que no les crece el pelo. Los niños de cinco años usan por primera vez un hakama a través del rito de hakamagi (袴着), y para las niñas de siete años, se realiza el del obitoki (帯解) y reemplaza el obi estrecho del kimono infantil por un cinturón más ancho.
Durante el Shichi-Go-San los niños reciben un caramelo llamado Chitoseame (千歳飴 “caramelo de los mil años”). Es de color rojo y blanco, de consistencia larga y delgada: simboliza y asegura el sano crecimiento y la longevidad. Este confite viene en una bolsa con una grulla y una tortuga, llamada tsurukame (鶴亀 y representa la larga vida en Japón. Viene forrado en un papel de arroz delgado y claro que tiene parecido al plástico.

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